Una niña, de sólo nueve años, recibió un jalón de cabellos de parte de su mamá. Tan pronto como pudo, corrió a un teléfono público y llamó a Radio Patrullas 110 para sentar una denuncia. Los policías acudieron prontamente y condujeron a la madre hasta la Defensoría de la Niñez. Allí, se tomó la decisión de separar a progenitora e hija por el lapso de tres meses; la niña vive ahora con una tía y la madre debe pasar una pensión de 200 bolivianos.
El tema sorprende por varios motivos, por ejemplo por la pronta respuesta de los policías, mucho más por ser una niña quien los llamaba. Pero es la actitud de la pequeña la que mueve a la reflexión. Puede ser que su reacción sea vista como exagerada; pero en una sociedad que considera a los hijos como pertenencias, como subordinados, que suele disciplinarlos a golpes, insultos, etc., que alguien se anime a buscar ayuda da la pauta de que las campañas en pro de los derechos infantiles calan.
No es extraño que un hijo, muy pequeño, recuerde a los padres que tiene derechos. Una actitud así suele despertar sonrisas, pero hay que entender que tras esta exigencia hay un llamado de las personas de corta edad a ser respetadas. La niña del caso volverá al seno familiar en breve. Ojalá la madre haya entendido el mensaje y reconquiste a su hija.






