Ha muerto uno de esos hombres de los que Bolivia puede sentirse orgulloso, sin asomo de sombras. Un hombre al que la Historia de este país le debe muchísimo, tanto por la dedicación personal a esta disciplina, que se tradujo en títulos fundamentales (La guerra entre vicuñas y vascongados, Historia de la ciudad de La Paz, siglo XVII; – La vida cotidiana en La Paz durante la guerra de la Independencia, Esclavos Negros en Bolivia; Alemanes en Bolivia), como por sus enseñanzas y formación de nuevos historiadores en las aulas de la Universidad Mayor de San Andrés. Sin olvidar su labor heroica de salvataje de los documentos públicos que dio lugar a la creación del Archivo de La Paz.
Don Alberto Crespo Rodas nació en la ciudad del Illimani un inicio de primavera de 1917. Lasallista, se inclinó por la carrera de Letras y se especializó en Historia. Fue, pues, historiador de los grandes, como su hermano Alfonso, hoy fuera del país. Trazó su camino, junto a su esposa Alicia, con serenidad, sin aspavientos, pero firme a la hora de pelear contra la incomprensión y la indolencia de un país que en muchos momentos ha despreciado el valor de la memoria.
Para quien no tuvo el privilegio de conocer a Don Alberto, ahí están sus libros, en especial el de memorias, Recuerdo Crepuscular, un canto a la vida.






