Una estructura de ladrillo, que no parece aportar demasiado al diseño arquitectónico contemporáneo, asoma en el patio trasero de la sede principal de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). No se trata de negar el derecho, y la necesidad, que tiene la institución de habilitar espacios para los estudiantes.
Pero, lo que menos se espera de la universidad, sobre todo de ésta que ocupa una de las obras más importantes del arquitecto Emilio Villanueva, es que proceda de manera tan poco profesional. Y no lo decimos sin respaldo. Ahí está la opinión del Colegio de Arquitectos y de la Alcaldía de La Paz.
Como dictan las normas sobre patrimonio, cualquier construcción en torno a una obra importante como es el monoblock de la UMSA, debe ser consensuada, aprobada, para evitar que se afecte, aun visualmente, la obra que pertenece a la ciudad toda: por historia, por estética, por simbolismo.
Lo que extraña, además, es que esto suceda con una entidad que forma arquitectos, ingenieros, arqueólogos y otros profesionales que, como normas profesionales y de ética, deben aprender a respetar las leyes. El bloque para la Facultad de Ciencias Sociales avanza, como se ve desde la calle Federico Zuazo, quitando presencia al monoblock. Una pena.






