En el sector de Apolo (provincia Franz Tamayo de La Paz), el número de productores de coca ha subido en 500% en esta última década. Si antes había 300, hoy son 1.500 los que demandan ser registrados para realizar la actividad de siembra y cosecha de la hoja.
Según dice el capitán de la Central del Pueblo Leco, Leonardo Suntura, las condiciones de Apolo no están dadas para la cantidad de gente que pretende realizar esta actividad. El conflicto parece inminente. Por lo pronto, ya se han presentado enfrentamientos entre quienes son productores «carnetizados» y los «no carnetizados». Pero al mismo tiempo, no deja de llamar la atención el hecho de que, en lugar de que las actividades se diversifiquen, de que se aproveche la calidad de las tierras de ese lugar del país para la agricultura, la realidad sea la del monocultivo de la coca.
La actividad cocalera, a la larga, se convierte en altamente depredadora, depaupera la calidad del suelo y expone a la zona al riesgo del narcotráfico.
Como se ha hecho respecto de los Yungas y del Chapare, surge la pregunta sobre Apolo: ¿tan alto es el consumo tradicional como para que se justifique tal crecimiento de los cultivos? La respuesta parece ser negativa. Y de la encuesta que el Gobierno impulsaba para medir precisamente este aspecto, no se sabe nada.






