El comportamiento de la estructura bancaria desempeña un papel determinante en la economía grande de un país como en las dinámicas económicas cotidianas de las familias o de los individuos. Los bancos, a través de su personal, son interlocutores diarios a la hora de realizar operaciones bancarias de distinta índole, desde el pago de servicios hasta el interminable retiro y depósito en las pequeñas grandes y medianas cuentas que confiamos (cada vez más numerosos) a nuestros bancos amigos. Es justamente la naturaleza de esta relación de confianza la base de los más de 10 mandamientos que no pueden ni deben ser violados: uno de los principales es la cordialidad y la calidad de servicio a los clientes (quienes confían su dinero a una entidad bancaria como quienes cobran un cheque y se van).
Cordialidad y calidad desde que la persona ingresa, imprime su ficha en colaboración no del policía de turno sino de un agente de la institución, pasando por la claridad de los códigos cada vez más numerosos de las pantallas que indican el número de ventanilla o escritorio, terminando en el contacto con la persona que ejecuta el servicio y espera que hayamos terminado de contar el dinero o de guardarlo con seguridad. Cordialidad, calidad y hasta calidez. Todo en estrictamente menos de media hora.






