Hay que insistir tanto como haga falta: es inaceptable cualquier forma de abuso que ponga en riesgo la seguridad, la dignidad y la vida de los jóvenes que acuden a los cuarteles a cumplir con el servicio militar obligatorio. No es aceptable que se repitan con episódica frecuencia denuncias de abusos militares contra conscriptos.
Esta vez fue en Roboré, el joven fue evacuado a Santa Cruz de la Sierra, y en la clínica se rehusaron a dar información sobre el estado del conscripto abusado. La madre tampoco dio muchos datos, pero sí uno muy revelador: un oficial le instruyó «que no haga escándalo».
Este caso confirma una vez más una constante en el ámbito militar, la formación de cadetes, soldados y conscriptos está dominada por la violencia, por el abuso y por una actitud de velado aliento a estas prácticas, pues no se explica de otra manera la recurrencia de estos casos en los que, sin estar en guerra, se pone en riesgo la vida de personas que sirven a la patria.
Hay que insistir, pues, en que si el servicio militar es una obligación constitucional, su cumplimiento debe estar protegido por los derechos nombrados en esa misma Constitución. Para ello, además, hace falta cambiar la ideología de aquellos oficiales que todavía creen que «hacerse hombre» implica aprender a soportar el abuso.






