La historia no es fácil de contar. Cuando los mineros se despiden de sus familias para ingresar al socavón, interiormente saben que nada les garantiza que volverán a ver a los suyos. Si Germán Choque Choque pensó en esto antes del fatídico derrumbe del viernes, ése será uno de los misterios de la vida y de la muerte que nunca se desvelarán ante nuestros ojos.
Choque es una víctima más de la falta de previsión, del trabajo en condiciones de inseguridad, del descuido de las autoridades y de los responsables de otra mina. Porque no es la primera vez que sucede y, con la incapacidad demostrada por el Estado para frenar estos desastres, lamentablemente no será la última.
De milagro, las crónicas periodísticas no están reflejando el dolor de más familias. En la mina La Solución (Hampaturi), la tragedia sorprendió a 17 trabajadores, de los cuales 15 lograron escapar. Imaginar siquiera la desesperación de esos mineros estremece hasta provocar esa extraña mezcla de agitación y miedo que solamente puede atribuirse a la sensación de no saber qué viene después. El cuadro perfecto del hombre tomando conciencia de su pequeñez.
Similares sensaciones ha despertado la novela de los 69 interminables días de zozobra en el campamento chileno Esperanza.
Pero estos sentimientos de humanidad, que confluyen en una misma actividad (la minería), tocan fibras íntimas que no distinguen nacionalidades y rebasan fronteras, contrastan con realidades opuestas. ¿O no es distinta la experiencia de los tres mineros bolivianos apresados por el derrumbe de entrecasa en Hampaturi y los 33, de Chile, con fama internacional, convertidos en estrellas de televisión y, producto de su desgracia, ahora afortunados económicamente hasta asegurarse un futuro más que promisorio?
La inseguridad, a simple vista, es la misma. Bolivia y Chile han pecado de negligentes al dejar a sus mineros librados a su suerte en el impotente escenario de la desprotección. Pero ahora se sabe. Ahora que Germán Choque ha aparecido sin su casco luego de que sus propios compañeros —no expertos, ni máquinas de última tecnología— escarbaran por 10 horas la mazamorra que lo sepultó. Ahora que se habla de que «no se descartan sanciones», cuando ¡es lo mínimo que se debería hacer!; ahora se sabe que entre La Solución de Hampaturi y el campamento Esperanza de la mina San José hay, por lo menos, unas cuantas diferencias. Odiosas diferencias entre 3 y 33.






