De prestados» han estado viviendo, como dice el padre Jesús Muñoz, los niños que el albergue Ciudad del Niño Jesús protege. Así ha sido desde que las instalaciones en Villa Salomé sufrieron graves daños a causa de un deslizamiento. La Casa de las Madres Adoratrices recibió a los niños y jóvenes, pero sólo puede hacerlo hasta este fin de año.
Por suerte, el mundo no se acaba para estas personas, gracias a la obra que la Iglesia Católica realiza en su favor. Así que, los 24 chicos, si todo va bien en cuanto a los permisos judiciales, se irán a vivir al Centro Internado en la Chiquitania, donde los esperan talleres y la posibilidad de un futuro que su condición de niños huérfanos no les permitiría, de no ser por sus benefactores.
Seguramente hay mucho que se puede reclamar a la Iglesia Católica. Siendo una obra humana, tiene sus errores, sus pecados. Y no es cubriendo esas verdades que se le hace un favor a una institución que, más que otras, necesita ser transparente y mostrar el valor del arrepentimiento.
Pero, lo que no se puede negar, es la inmensa obra que existe gracias a los católicos. Desde colegios hasta hogares para chicos desamparados. Y la Ciudad del Niño es uno de éstos. Ojalá pueda volver a abrir sus puertas en La Paz, por el bien de tantos niños y jóvenes.






