Cuál será la desesperación y tristeza de Carmen Paucara al ver sufrir a su niño de 10 años, que ha optado por mentirle. Le ha dicho que su brazo, que los médicos han tenido que amputar, le será colocado pronto. Los especialistas psicólogos y otros seguramente dirán que no es buena idea eso de mentirle al niño en algo que muy pronto descubrirá como terrible verdad; pero qué saben tales especialistas de lo que siente una madre. Peor. Una madre que ha debido perder toda fe en los médicos pues, como se denuncia, han sido doctores los que se han provocado esta pérdida que pesará toda una vida en el hoy pequeño Raúl.
Lo que sucede con este paciente, que fue llevado por la madre al Hospital del Niño en busca de ayuda, tras una fractura que sufrió en el brazo izquierdo, es vergonzoso, inaceptable. Si la mamá se hubiese descuidado, si lo hubiera llevado cuando la infección estaba avanzada, sería una injusticia reclamar soluciones a los médicos. Pero no. El dolor del niño obligó a la mamá a correr al hospital y entregarlo a los profesionales.
Que en el siglo XXI ocurra lo de la amputación por negligencia habla muy mal de la calidad de ciertos médicos. Cuenta Carmen Paucara que el personal del hospital asistió indiferente, o molesto, a las quejas del niño. No hay justificativo para tanto dolor.






