Capísimo», gritan los chicos cada vez que alguien deposita un billete en la alcancía. El donador anónimo se avergüenza, claro, pero así son los Carros de Fuego: entusiastas, incansables, felices de su tarea de voluntariado.
Es cierto que algunos peatones o conductores se molestan, no quieren que los acosen para arrancarles una moneda; pero si no fuese por la insistencia de los muchachos, quizás la campaña del grupo Fides no sería lo exitosa que es. Hay que ser joven, como estos chicos, para desarrollar la antipática tarea de pedir dinero a los demás sin perder la sonrisa.
Había que verlos, por ejemplo, en la esquina de la calle Potosí y Socabaya este fin de semana. Múltiples, corriendo detrás de los carros, de los peatones. Explicando rápidamente su labor, dando las gracias, deseando feliz Navidad. Hacía algo de frío y ellos en poleras. Habían pasado horas y ellos animándose y entonando cánticos para no caer en el desánimo y el cansancio.
Una pareja de novios que atinó a pasar por el lugar, saludando por lo alto del capó de la limusina, tuvo que rebuscar en los bolsillos algunas monedas, pues un grupo se arremolinó en torno al auto con las alcancías en alto. Desearon lo mejor a la pareja, la aplaudieron, pero no bajaron las cajitas. Lograron su propósito. ¡Qué ejemplo de espíritu navideño!






