Entre las fiestas de la Navidad y el Año Nuevo se abrió un inesperado paréntesis que trajo al país intranquilidad y conmoción en días, por lo general, sosegados. El Gobierno dispuso un fuerte ajuste para los precios de los carburantes y, cinco días después, reculó. ¿Esto se lee como retroceso o como avance? En lo económico y social, da la sensación de que es un paso atrás para dar dos hacia delante. Para la cruda y a veces despiadada política, en la que un mínimo error puede significar una caída irreversible, parece un paso en falso y de alto riesgo.
Mientras surgen voces dentro del masismo en sentido de que sería necesario analizar qué ocurrió en el Gobierno para que tuviera que retroceder a poco de haber emitido el Decreto 748, pasado el ventarrón surgen otras dudas por despejar.
La magnitud de la protesta llevó a pensar en que se hubiera producido un quiebre entre el Ejecutivo y sus bases; al menos, la molestia era grande y se asemejó a las que soportaban los pasados gobiernos. En la misma línea de razonamiento, tras la abrogatoria se podría colegir que aquel matrimonio continuaría en pie, sobre todo si se atiende el justificativo del presidente Morales de que escuchó el pedido de la población. En un momento dado, el mismo Mandatario recriminó a los campesinos que le hacían perder el tiempo con sus demandas; parece que reconsideró su posición. Por lo demás, el comadreo por las relaciones de esta complicada pareja, que no quepa duda, irá en aumento.
El Gobierno no supo medir a tiempo las consecuencias del decreto y se lanzó a la piscina sin tomar precauciones; luego, lo pagó caro con revueltas en las calles y anarquía en los mercados y rutas del transporte público. Eso sí, pudo haber sido terco y preferir que haya muertos y heridos como en otras épocas y, entonces, la abrogación no hubiera sido suficiente, agigantándose la espiral de violencia. Y dio el paso atrás, aunque ha dicho, insistentemente, que el quitar el subsidio no es un error.
La lección ojalá esté aprendida. Ahora toca decidir cómo se eliminará el subsidio, claramente insostenible, y, por lo pronto, se anuncia una consulta con los movimientos sociales; ¿y los demás sectores de la economía? Por otro lado, ¿será más sabio dar pequeños saltos para alcanzar progresivamente un objetivo urgente?






