Antes, las riadas se llevaban puentes y carreteras; ahora, se llevan comunidades enteras; tal parece ser el caso de San Lorenzo, una de las poblaciones más afectadas por la intensa lluvia que el fin de semana cayó sobre el trópico de Cochabamba. Las autoridades han señalado a La Niña como responsable de estos desastres. En efecto, se trata de un fenómeno natural que está generando inundaciones inéditas en países tan distantes como Brasil o Australia, y ahora en Bolivia. Esta explicación, no obstante, observa solamente una de las varias aristas en juego.
A medida que los árboles son talados, los cursos de agua, al igual que los cauces, se diluyen, agudizando las sequías durante las épocas secas. En época de lluvia ocurre el efecto contrario: los bosques encauzan naturalmente a los ríos; en este sentido, la deforestación no solamente incrementa la erosión de los suelos, sino que se constituye en la principal causa de inundaciones, particularmente en zonas rurales.
Que la desaparición de San Lorenzo sirva como una advertencia para preservar nuestros bosques, gravemente amenazados por el tráfico de madera y el cambio de uso de los suelos; pero también por la construcción de carreteras de trazo irresponsable, como la ruta Villa Tunari–San Ignacio de Moxos, que pretende cercenar el TIPNIS.






