En la sala de terapia intensiva del Hospital Obrero, un hombre en estado de coma contrajo nupcias con la hermana de su mejor amigo. Días después falleció, y su novel cuñado, bajo el amparo del parentesco político, tomó posesión del inmueble en el que vivía su otrora mejor amigo junto con su concubina y su único hijo de 13 años. Ahora, el adolescente tiene vedada la entrada a su hogar, y su ex pareja clama por justicia. Llama la atención las estrategias empleadas por ciertos individuos para enriquecerse sin esfuerzo; pero resulta aún más sorprendente que el sistema se preste para estos servicios.
El control permanente de los pacientes y la restricción de las visitas son dos de las principales cualidades de las unidades de terapia intensiva. En este sentido, cuesta creer que una boda fraudulenta haya tenido lugar en un sitio de tales características. Lo que no resulta tan sorprendente es la intervención de algún notario dentro de esta farsa.
El ejercicio de la ley no goza de muy buena fama en esta parte del mundo, no solamente por ser el dinero su principal motor, sino sobre todo porque en esta profesión no son pocos los que lucran con los conflictos y los bienes ajenos. Este nuevo caso nos vuelve a recordar por qué, para algunos, la manipulación de las leyes constituye una especialidad del derecho.






