En los últimos años, programas sobre animales en su hábitat han cobrado un interés creciente; y es que observar a la naturaleza en su estado original constituye una fuente de gozo y de conocimiento, por su belleza y originalidad. Como bien se sabe, la ley del más fuerte constituye un principio de orden en este reino que, desde una perspectiva humanista, es calificado como salvaje.
Por eso y en contraposición, el ser humano ha buscado estrategias para vivir civilizadamente a lo largo de la historia; es decir, bajo el imperio de normas universales y equitativas. Mucho se ha avanzado en este campo, revoluciones, sangre y esfuerzo de por medio; empero, aún queda mucho por hacer, especialmente en sectores de la población que, como los minibuseros, bien podrían nutrir los contenidos de National Geographic.
La semana pasada, en la urbe paceña, choferes sindicalizados atacaron a dos movilidades ajenas a su gremio que circulaban por sus rutas. Por su lado, los conductores libres se organizaron para responder los atropellos, y como dos males no suman un bien, los resultados fueron lamentables: heridas leves y sustos grandes entre los pasajeros, y daños materiales. Desafortunadamente, no se trata de un caso aislado. En efecto, no es la primera vez que las calles se convierten en campos de batalla «choferiles», bajo la vista y paciencia de las autoridades.






