En el corto plazo, tal decisión permitirá atenuar levemente la crisis de alimentos; sin embargo, en el largo plazo, puede provocar impactos ambientales negativos y más hambre.
Los anuncios gubernamentales no observan que la frontera agrícola ya se amplía anualmente en 350 mil hectáreas, que este cambio en el uso de los suelos genera ingentes volúmenes de gases de efecto invernadero (contribuyendo al calentamiento global); que esta depredación de los bosques atenta contra la diversidad de cultivos y animales, volviendo más vulnerable e insostenible el suministro de alimentos; y que a medida que los árboles son talados se agudizan las sequías e intensifican las inundaciones, pues son los bosques los que encauzan naturalmente a los ríos, y evitan que los cauces de agua se diluyan.
En este sentido, la decisión de ampliar la frontera agrícola, en vez de intentar mejorar la productividad y eficiencia en el uso de los suelos, puede ser calificada como peligrosa, ya que podría comprometer la sostenibilidad y preservación de los recursos naturales en el futuro.






