La necesidad tiene cara de hereje, dice el conocido refrán, y no hay mejor ejemplo para afirmar su veracidad que el drama que ha vivido la población de Santa Cruz de la Sierra en las últimas semanas a raíz del paro indefinido que ejecuta el gremio del autotransporte en esa ciudad.
En efecto, desde la semana anterior al Carnaval los choferes cruceños dejaron de prestar el servicio de transporte de pasajeros al frustrárseles un acuerdo con algunos dirigentes vecinales para incrementar sus tarifas de Bs 1,50 a Bs 1,80, que por ilegal no pudo ser aplicado. Pero como alimento, techo y transporte son imprescindibles para la población, han surgido numerosas iniciativas, además de los consabidos taxis, para prestar el indispensable servicio.
El problema es que aprovechando la crítica situación, las tarifas de estos improvisados medios de transporte son iguales o superiores a las que demandan los transportistas sindicalizados, y la población las paga. Dirigentes del gremio en otras ciudades han identificado esta ventaja, y amenazan con lanzarse al paro general.
Total que, en la pulseta entre transportistas y Estado (pues Gobierno central y municipios son actores preponderantes) los primeros vienen mostrando más músculo. Eso sí, de ocurrir una victoria de los choferes, será a costa de ampliar la brecha entre el gremio y el resto de la sociedad.





