¿Para qué sirve la poesía? Pregunta corriente entre aquellos que la escuchan, la leen o la escriben; pero también entre los que les toca designar (a gusto o con disgusto) recursos para su fomento. En estos tiempos modernos de eficiencia, la poesía viene cediendo terreno ante manifestaciones colectivas fáciles de consumir, como el cine comercial. A su favor, valga señalar que la liberación de todo pueblo pasa por la soberanía cultural, que son los que crean los que imponen paradigmas (de vida pero también de consumo) y que siendo la poesía el principal exponente estético del lenguaje, puede asimismo convertirse en su principal impulsor.
Pero mejor dejemos que un experto la defienda. Para Octavio Paz, la poesía no busca embellecer la vida, «como piensan los estetas y los literatos, ni hacerla más justa o buena, como sueñan los moralistas», tampoco «pretende hermosear o idealizar lo que toca, sino volverlo sagrado», porque, «mediante la palabra, consagra la experiencia de los hombres y las relaciones entre el hombre y el mundo».
Que esta reflexión del gran ensayista mexicano valga para promocionar la segunda versión del Festival Internacional de Poesía, que congregará a decenas de poetas bolivianos, pero también de otros cinco países hispanos, en las calles y locales de las ciudades de La Paz, Cochabamba y Oruro, durante la semana que mañana empieza.






