El Ministerio de Educación está reformulando la malla curricular de la formación básica y media. La sustitución del desquite por una evaluación continua figura como un primer cambio en relación al sistema anterior. El desquite se erige como una luz al final del camino para todos aquellos que, después de un año de vagancia, deciden acelerar los pasos en los últimos metros de la carrera escolar; y muchos consiguen cruzar la meta gracias a esta última opción. Visto de esta manera, su eliminación puede resultar muy positiva, no sólo porque afecta el rendimiento escolar (pues abre la posibilidad de dejar para mañana lo que se debería hacer hoy), sino también porque el desquite queda arraigado en la mentalidad de muchos alumnos.
Qué mejor ejemplo que las Escuelas de Formación de Maestros (normales). Cuando los postulantes no logran aprobar el ingreso, exigen una segunda oportunidad, incluso recurren a medidas extremas como huelgas, la crucifixión o el sellado de sus labios. En su mente no cabe la ausencia de un desquite. Pero la realidad es otra, en todos los campos los cupos son inevitablemente limitados y se requieren criterios de selección. Desafortunadamente, éstos no son siempre los méritos y la excelencia, en parte debido a la mentalidad del desquite.






