Ayer se conmemoró el Día Mundial de la Salud, fecha elegida para valorar el buen estado de nuestro cuerpo, pero también para aprender a preservarlo. Por eso, la OMS aprovechó la ocasión para alertar sobre la creciente resistencia de ciertas enfermedades (de diferente naturaleza) ante los antibióticos, como la disentería, la tuberculosis o la gonorrea.
La negligencia y la falta de recursos explican este fenómeno, pues son cada vez más las personas que gustan de automedicarse o no concluyen el tratamiento recomendado; algunos por comodidad; otros por carecer de tiempo y la mayoría (especialmente en países como el nuestro) por falta de recursos. Dando lugar a la generación de bacterias y virus inmunes a los medicamentos que no terminan o no son efectivamente tratados, pues, como bien dice el adagio, lo que no te mata, te hace más fuerte.
Pero estos «súper virus» pueden afectar a otras personas aunque no incurran en negligencias médicas. ¿Justos pagan por pecadores? Sí, pero no. Este hecho sirve para entender que, nos guste o no, la mala salud de unos puede terminar afectando a la del resto, y que debería ser responsabilidad de todos procurar una cultura responsable y una atención médica universal de calidad.






