Presumiblemente, hoy serán elegidos los candidatos que se disputarán, en una segunda vuelta, la presidencia del Perú, el próximo 5 de junio. Bolivia y Chile, y en menor medida Ecuador, son los países que mayor expectativa tienen respecto de esta elección, pues el nuevo mandatario peruano podría reforzar la reivindicación marítima boliviana, o bien, diluirla.
Todas las encuestas colocan a Ollanta Humala a la cabeza de la intención de voto de esta primera vuelta; queda entonces definir el segundo lugar entre Keiko Fujimori, Alejandro Toledo y Pedro Pablo Kuczynski, que hoy resolverán el empate técnico en el que los últimos sondeos los coloca. Durante el cierre de campaña, Toledo buscó en el desprestigio de sus adversarios el empuje para seguir en carrera; Fujimori hizo lo propio con los logros del gobierno de su progenitor, y Kuczynski prometió traer modernidad a su país.
El ganador de esta terna buscará repetir la hazaña de Alan García en junio del 2006, cuando logró capturar los votos contrarios al entonces seguidor de Hugo Chávez. En esta nueva versión, otra vez, los perdedores articularán fuerzas en contra de Humala; sin embargo, este nuevo escenario se presenta con algunas variantes.
Consciente de las limitaciones que están generando descontento en las poblaciones de los gobiernos de corte socialista, Humala, más cauto y menos chavista, ya no se muestra contrario a la política económica de libre mercado que ha traído un elevado crecimiento económico para el Perú; ahora propone redistribuir mejor esa riqueza. Por otra parte, el ex militar ya no estará frente al tradicional partido aprista, que agrupa no sólo a miembros de la clase media, sino principalmente a sectores populares del país vecino, que en el 2006 se inclinaron a favor de la tradición.
Finalmente, Humala está captando un voto de protesta de la población que no se ha visto beneficiada con la bonanza económica. Todo ello permite suponer que sus probabilidades para llegar a la presidencia son ahora mayores que hace cinco años.
Y estas probabilidades gustan en Bolivia. En efecto, Humala podría ser un aliado importante en la demanda marítima del país ante Chile, pues su afinidad política e ideológica con Evo Morales es evidente; y, aunque lo niegue, la tradición militar ha depositado un germen antichileno en su espíritu.
Ahora bien, resulta innegable que los presidentes y líderes políticos juegan un papel fundamental a tiempo de estructurar una estrategia de reivindicación marítima; sin embargo, constituye un gran equívoco considerar que ésta depende de una orientación ideológica, de un proyecto político o de un grupo de gobernantes. El tema del mar debe ser trabajado como una política de Estado, independientemente de quienes sean los gobernadores de turno, tanto del país como de nuestros vecinos.






