El cuidado ambiental suele ser manejado como un escollo para el desarrollo. Claro ejemplo de ello es el discurso que manejan no sólo empresarios, sino también autoridades que suelen responsabilizar a las licencias ambientales de los retrasos en las operaciones de exploración y explotación de hidrocarburos. Con el argumento de que este tipo de actividades son de «importancia estratégica» para el desarrollo, se aprueban leyes que vulneran las legislaciones ambientales. Ha pasado en China, Brasil y ahora en Bolivia: los diputados acaban de aprobar contratos que permiten la exploración y explotación petrolera en áreas reservadas que anteriormente estaban vedadas por su importancia biológica.
No cabe duda de que la producción de hidrocarburos es fundamental para la economía y que se debe fomentar su desarrollo. Sin embargo, la aprobación de normas para la aceleración de nuevos proyectos petroleros debería estar acompañada por reglamentos que aseguren el respeto de la legislación ambiental. Cada vez son más los fenómenos climáticos que nos alertan sobre el peligro de manejar el cuidado de la naturaleza como un escollo para el desarrollo, pero, al parecer, algunos tienen ojos pero no ven y oídos pero no oyen.






