No ha terminado de cuajar el proyecto de la «tercera placa» y ya el Gobierno Municipal de La Paz ha anunciado otro dispositivo de control: un nuevo sticker para los radiotaxis, que obliga al registro de automóviles y conductores de taxis para «darle seguridad a los usuarios».
La iniciativa es loable por necesaria, pero se parece a otras similares, fallidas por la proverbial resistencia del sector a cualquier intento de control. Encima, justo el día en que el Alcalde anunció la nueva disposición, se supo del hallazgo de un vehículo con los papeles de propiedad, incluyendo el sticker de la tercera placa, «clonados» de otro automóvil, indicador de la existencia de una boyante mafia que comercia con este tipo de controles oficiales.
La iniciativa busca poner nuevamente al municipio a la cabeza del control de la seguridad de los pasajeros, luego de que una idea similar, las tarjetas de identificación de conductores de radiotaxis, administrada por tránsito y los propios sindicatos, perdiese su eficacia con el paso del tiempo.
Es, pues, necesario garantizar la seguridad de quienes usan el servicio de transporte público en general y de radiotaxis en particular; sin embargo, la experiencia induce a mirar la nueva iniciativa con escepticismo; ojalá estemos equivocados.






