El sábado, en el coliseo cerrado Julio Borelli, se celebró el primer matrimonio colectivo, con la participación de 350 parejas. Varias voces disidentes cuestionaron la supuesta naturaleza descolonizadora de este acto. En parte porque la unión en la cultura andina suele ser libre, sin muchos formalismos, pero también porque sus ceremonias se caracterizan por ser familiares, buscando propiciar la reciprocidad, la costumbre del ayni, que ha sido y es el ethos de la cultura andina. En efecto, para la cultura andina, todos los hombres y el mundo que les rodea están en reciprocidad, y no es pobre aquel que no tiene para comer, sino aquel que no puede vivir en reciprocidad, aquel que no puede recibir el ayni. Por este motivo, los enlaces andinos suelen ser particulares y familiares antes que grupales; cada pareja celebra su unión en su comunidad y en presencia de sus allegados, cuya participación es vital para la prosperidad de los cónyuges.
Y justamente a partir de este principio de reciprocidad —ampliamente celebrado y practicado en uniones de pareja— las comunidades andinas lograron entretejer un fuerte entramado de relaciones, lo que les permitió sobrevivir en un medio tan difícil y hostil como es el altiplano, pero también construir edificaciones admiradas hasta nuestros días.






