En el último congreso sobre energía, el Ministro de Hidrocarburos afirmó que el país no venderá gas natural a Chile, en observancia al rechazo manifestado por el pueblo boliviano el 2004, a través de un referéndum. El anuncio, expresado en momentos en que las reservas probadas de gas alcanzan a 13 trillones de pies cúbicos, resulta intemporal, pero además innecesario. En efecto, según estimaciones de la consultora Gas energy, Bolivia necesita de 12,7 TCF de reservas probadas para poder cumplir con los actuales contratos de exportación al Brasil y la Argentina, atender el mercado interno por diez años y poder realizar los proyectos de industrialización que el Gobierno tiene pensado. Por tanto, aunque existiese la intención de vender gas a Chile, Bolivia no podría adquirir nuevos compromisos de venta.
Entonces, ¿a qué responde un anuncio de esta naturaleza? No cabe duda de la afirmación se inscribe dentro de la nueva política adoptada por el Gobierno para obtener una salida soberana al mar. Pero, ¿será que descartar un negocio que en los números ni siquiera existe ayudará a resolver el tema marítimo? ¿No sería mejor buscar estrategias con bajo perfil y desde diferentes ámbitos (comercial, cultural, ambiental, económico, etc.) que nos acerquen efectivamente al mar?






