Sólo la pasión y el gusto por la adrenalina pueden explicar que un hombre invierta tiempo, energía, recursos económicos y encima ponga en riesgo su vida para escalar una montaña. Se trata de una ecuación que sólo se la comprende cuando se la vive; y de tal intensidad que una vez experimentada, más que una afición, puede llegar a convertirse en una adicción deportiva. Qué mejor ejemplo de ello que la vida de Bernardo Guarachi, considerado el mejor montañista boliviano, y que acaba de conquistar, junto con su hijo, la cima del monte Cho Oyu, que ostenta una altura de 8.188 metros.
A una edad que para muchos representa el umbral de la vejez, este hombre de 58 años acaba de lograr una hazaña que para la inmensa mayoría de los jóvenes parece imposible: escalar por tercera vez una montaña del Himalaya que sobrepasa los 8.000 metros de altura, y sin la necesidad de oxígeno. Ya en 1998 alcanzó la cima del mundo al conquistar el Everest (8.848 m); y en 1994 hizo lo propio con la quinta montaña más alta del planeta: el Makalu (8.463 m). ¿Cómo puede un hombre alcanzar logros tan extraordinarios? Esfuerzo, trabajo, mucha pasión y una voluntad férrea capaz de superar cualquier obstáculo. Ojalá todos tuviésemos ese espíritu de lucha inquebrantable.






