Faltan 16 días para que empiece una nueva versión de la Copa América. A medida que se acerca el partido inaugural, en el que se enfrentarán Bolivia y el país anfitrión, los hinchas y jugadores argentinos nutren ávidamente una prolongada sed de revancha; desde aquel seis a uno con el que la selección nacional vapuleó en el Siles a su par albiceleste, en abril del 2009.
Para el país vecino, aquella derrota significó mucho más que la pérdida de tres puntos, fue un duro golpe donde más le duele: en su orgullo futbolero; un orgullo que en Argentina genera grandes jugadores y pasiones; interminables charlas y programas; crímenes y mucho dinero; incluso religiones, como aquella que tiene como santo patrono a Maradona.
Durante el partido de inauguración, el plantel nacional se sentirá presionado desde el primer minuto por un equipo de excelencia obligado no sólo a ganar sino sobre todo a golear. Entonces, el desafío que enfrenta la selección será el de soportar y sacar ventaja de aquella previsible presión. Quinteros tendrá por tanto que trabajar con mucha antelación la parte psicológica de los jugadores, tarea pendiente que sólo se pudo lograr durante la era Azkargorta. Por todo ello y más, nos tocará vivir un encuentro apasionante, con aires de revancha.






