El prestigio de la Policía Nacional, ya bastante deteriorado, se sigue mancillado por el mal comportamiento de algunos de sus representantes. El miércoles fue el turno del coronel Guido Espinoza Valdivieso, que no encontró mejor forma de resolver un inconveniente vial sino por medio de la violencia. Ante los reproches de un peatón que casi fue atropellado por el vehículo en el que viajaba el oficial, según cuenta el afectado, el coronel se bajó del motorizado para responder con golpes los insultos, e incluso, cobardemente, desenfundó su revólver ante la natural reacción del transeúnte. Añadiendo más leña al fuego, su chofer y guardaespaldas también participó de la trifulca. Los espectadores, cansados del abuso de poder de algunas autoridades que se amparan en su cargo para cometer arbitrariedades, evitaron su fuga. Este incidente le costó la suspensión al otrora director del Organismo Operativo de Tránsito de Oruro.
De todas maneras, cabe preguntarse cómo un oficial que se muestra incapaz de solucionar civilizadamente un contratiempo vial, que responde con golpes y amenazas los reproches, y cuyo chofer se siente con el derecho de violar las normas y de amedrentar a los peatones, pudo dirigir, en Oruro, la institución precisamente llamada a respetar, primero, y hacer cumplir, después, las leyes de tránsito.






