Según datos del Banco Mundial, los precios mundiales de los alimentos batieron un récord histórico a principios del 2011, impulsados por el incremento del trigo, el maíz, el azúcar y los aceites. Este inquietante fenómeno, que lejos de resolverse tiende a incrementarse, deviene de una serie de factores dispares que se refuerzan mutuamente y que han alcanzado niveles críticos simultáneamente.
En primer lugar, destaca el acelerado crecimiento de la demanda de alimentos en la última década; en parte debido al incremento de la población (en 1999, aproximadamente 6.000 millones de personas habitaban en el mundo; 10 años después, esta cifra bordea los 7.000 millones); y en parte porque el crecimiento de China, India, Brasil y en general de los países emergentes asiáticos se traduce no sólo en grandes construcciones, sino también en más y mejores comidas.
En segundo lugar, los especialistas advierten que la entrada gradual de los inversores institucionales (hedge funds) en los mercados de materias primas, que comenzó el 2000 con la Ley de Modernización de Futuros de Materias Primas en EEUU, ha generado una fuerte presión inflacionaria. Al respecto, Olivier Schutter, relator de las Naciones Unidas para el derecho a la alimentación, explica que los inversores institucionales, que dominan este mercado, apuestan por precios altos; los operadores de los mercados siguen estas indicaciones retrasando las ventas de sus productos al mismo tiempo que pujan por comprar; esto, «siempre en un marco de temor por precios más altos, lleva a crear una escasez artificial de la producción y a anticipar unos precios altos». Se trata de una profecía autoinducida.
En tercer lugar, figura la sustitución de sembradíos, otrora destinados para los alimentos, para la producción de biocombustibles; sustitución impulsada inclusive por normativas que fomentan el consumo de estos combustibles orgánicos; por ejemplo, en la UE, cerca del 38% de su cultivo de maíz se destina a la producción de etanol.
Por último, la causa más evidente deviene del calentamiento global. Mientras las sequías causan estragos entre los cultivos, animales y la población en uno de los hemisferios; las inundaciones hacen lo propio al otro lado del planeta.
Ambos fenómenos son repercusiones naturales de un mundo que se calienta: las sequías, porque la temperatura aumenta; las inundaciones, porque los océanos liberan más vapor de agua. Lo que significa que la actual subida de los precios de los alimentos podría ser sólo el principio.






