La reunión cumbre de autoridades culturales, realizada el jueves 21 y viernes 22 del presente en Santa Cruz, y organizada con el objetivo de convertirse «en un ámbito de concertación, con capacidad de movilizar a sus Estados
Miembros en la aplicación de políticas culturales, estrategias y mecanismos que articulen ideologías incluyentes», concluyó con una detallada lista de compromisos comunes para el desarrollo de la cultura en todas sus manifestaciones, además de un sólido apoyo a la tradición ancestral del masticado de coca, en respaldo a la cruzada boliviana ante la ONU a favor de esta práctica.
Entre las metas que se propusieron en la Declaración figura la de «diseñar políticas culturales, estrategias y mecanismos incluyentes que respeten las identidades de nuestros pueblos y garanticen la realización de sus derechos culturales para fortalecer el ejercicio pleno de la democracia», señalando de esta manera la inseparable vinculación entre cultura y democracia.
Asimismo, se acordó «velar por la protección y promoción del patrimonio cultural, material e inmaterial de la región», y como primera medida en ese sentido se decidió promover la declaratoria como Patrimonio para el Qapac Ñan, la extensa red de caminos que integra desde antes de la Colonia lo que hoy son Bolivia, Perú y Ecuador. En la misma línea se propuso «velar y fomentar la diversidad y el diálogo intercultural, el respeto entre los pueblos y las personas, mediante la recuperación de la memoria histórica».
La Ministra de Culturas de Ecuador explicó en su conferencia que «las políticas culturales contribuyen a la construcción del sumay kawsay (vivir bien) a partir de tres ejes: la descolonización, los derechos culturales y los emprendimientos culturales», y en ese sentido, instó a defender la interculturalidad, paradigma democrático y democratizador.
Sin embargo, la verdadera trascendencia del encuentro no puede encontrarse en la Declaración o en los despachos noticiosos sobre lo ocurrido, sino en el intercambio de experiencias, conocimientos y visiones que representa un evento en el que confluyen tantas y tan variadas personas. Lo que queda de ese encuentro humano es, cuando menos, la semilla de una cultura que se quiere en renovación.
Hay agenda y hay voluntad. Hoy más que nunca, están dadas las condiciones para comenzar a construir una nueva cultura latinoamericana y una fuerza continental capaz de influir en el concierto internacional. Ojalá sea posible.






