El miércoles, un recién nacido fue robado del Hospital Materno Infantil de Miraflores, dependiente de la Caja Nacional de Salud. La madre, de tan sólo 16 años, le confió su bebé a una mujer vestida de enfermera, que se lo pidió para supuestamente darle un baño.
Luego de enterarse de que su hijo había sido raptado, la joven mamá, que llegó desde los Yungas para el alumbramiento a fin de precautelar su salud y la de su pequeño, sufrió una crisis emocional al extremo de querer quitarse la vida. Desafortunadamente, no es la primera vez que se presentan casos de esta naturaleza.
Meses atrás, en Santa Cruz, una madre pudo recuperar a su bebé sustraído de igual manera de un centro médico a las horas de nacer, gracias a que una ciudadana alertó a la Policía luego de percatarse de que su vecina, sin estar embarazada, apareció con un crío en brazos.
Al igual que en este caso, la empatía y una actitud proactiva de la población podrían terminar con el tormento de esta joven madre, cuya tranquilidad y felicidad pasan ahora por tener entre sus brazos a su mayor tesoro. Pero también resulta imprescindible subsanar los graves errores de seguridad y la falta de información que actualmente campean entre los nosocomios del país. Solo así se podrá evitar que lágrimas maternales de dolor se vuelvan a verter.






