La cotidianidad y su cercanía con el habla inducen a las personas a olvidar que el lenguaje escrito no es algo natural, sino artificial, que es una creación del hombre. Quizás la más importante en la Historia, pues, gracias a este instrumento, la humanidad ha logrado no sólo transmitir conocimientos de una generación a otra, sino además y sobre todo incrementarlos. Ello gracias a la posibilidad de crear y manejar conceptos teóricos, susceptibles de perfeccionarse y aumentar con los años.
De allí la importancia de celebrar concursos y premiar el esfuerzo de estudiantes con discapacidad y personas mayores de 15 años por alfabetizarse. El caso por ejemplo de Pedro Ybáñez, un joven de 23 años que se encuentra detenido en el penal de Yacuiba (Tarija), y que se propuso aprovechar el tiempo tras las rejas para aprender a leer y escribir, por medio del programa de posalfabetización: “Yo, sí puedo seguir”. Su testimonio, ganador del Premio Plurinacional Educación para la Transformación e Inclusión 2012 (por su emotiva y correcta redacción), pone en evidencia cómo el lenguaje escrito ha significado para este joven no sólo un instrumento de superación, sino también un motivo de alegría, orgullo y de esperanza para seguir avanzado y dejar atrás el mundo de la delincuencia.






