Son un regalo de la naturaleza. Hablan y sus voces llenan el bosque beniano cerca de Reyes, San Borja y Santa Rosa del Yacuma. Los vecinos del lugar, los humanos vecinos, están aprendiendo a respetarlos y cuidarlos luego de años de haberlos perseguido por su carne y porque sí.
Dos especies de los monos lucachi, endémicos de esa región de Bolivia, están en riesgo de desaparecer. Hay sólo 22 mil individuos y es imperativo cambiar de actitud frente a ellos para salvarlos.
Y para salvar el bosque mismo, la vida misma. Ocurre que estos monos, el rojizo y el cenizo, no solamente que tienen el derecho de existir, sino que favorecen, con su accionar, el florecimiento del bosque al alimentarse de semillas y frutos, van, sembrándolos luego a su paso.
Biólogos respaldados por entidades como Conservation Leadership Programme y Wildlife Conservation Society trabajan con las poblaciones de Beni, particularmente con los niños, a los que se enseña a mirar a los animales como seres valiosos, según muestra hoy un reportaje de Escape. Los adultos también se unen a la cruzada, por ejemplo los ganaderos, pues poco a poco se van dando cuenta de que sin los lucachis —y otros animales y plantas— el futuro de la propia humanidad se pone en vilo.






