Hoy comienza el cónclave para elegir al próximo papa, y si bien ningún cardenal se perfila como candidato favorito, al menos existen ciertos perfiles que se espera tenga el sucesor de Benedicto XVI. Como por ejemplo, la determinación y fortaleza necesarias para enfrentar la aguda crisis que atraviesa la Iglesia católica, a raíz de los escándalos de pederastia, luchas de poder y la corrupción e ineficiencia en la curia romana.
Otro tema en debate, casi tan relevante como el anterior, versa sobre la forma cómo debería seleccionarse a quien ocupará la silla vacante de San Pedro. Según opinan los expertos, existen dos tendencias. Una, defendida sobre todo por los cardenales italianos, es partidaria del secreto y el misterio que tradicionalmente rodean estas elecciones. La otra, encabezada por los cardenales de EEUU, pide reuniones previas y un cónclave transparentes. En esta misma línea se encuentran los representantes brasileños, quienes incluso han exigido que se les entregue información clara sobre los documentos que filtró el mayordomo de Ratzinger y el informe que éste pidió para conocer la situación del Vaticano.
Si los católicos no desean que la renuncia de un papa pase de ser un acontecimiento histórico a un hecho habitual, es de esperar que prime la última tendencia.






