En este mes aniversario quiero recordar al gran artista, al genio individual de esta ciudad. Con su arte nos enseñaron que una mirada sensible es más que cualquier texto de sociología o de urbanismo. Con ellos, todos los paceños y paceñas tenemos una deuda estética casi impagable.
Arturo Borda (1883-1953) nunca dejará de sorprendernos. Sus temas fueron tan lúcidamente extraídos de su contexto social y natural que quedarán por pertenencia y trascendencia. Borda pintó imágenes míticas o brutales de nuestra cultura, ya sea glorificando al ser ancestral del Ande, como también hundiéndonos críticamente en la basura que ahora construimos. Y para despejar dudas: Borda quedará como el pintor del símbolo por excelencia de los paceños: el Illimani.
Jaime Saenz (1921-1986). Es quizás en su novela Felipe Delgado en la que Saenz condensa esa visión hondamente intimista y fuertemente local que nos lleva y proyecta hacia los tópicos universales y atemporales: vida, amor y muerte. Él fue capaz, como pocos de los nacidos en este valle andino, de ver y sentir el universo en una humilde chingana, en el chiribitil “La mariposa mundial”, donde creó su firmamento como un espacio inabarcable de caos y orden, y su espíritu se entronizó entre el espanto etílico y el júbilo poético.
Marina Núñez del Prado (1910-1995). Si somos una ciudad en las montañas, ¿quién si no Marina para esculpir nuestro paisaje en piedra? ¿Quién si no ella para representar en metal a nuestras mujeres, libres y altivas, suspendidas por el viento?
Emilio Villanueva (1882-1970). Sigue siendo el único arquitecto que supo plasmar en los espacios y detalles que diseñó para esta ciudad (sobre todo para el Monoblock de la UMSA) un estilo regional y global, una impronta local y universal. Además, Villanueva fue un pensador multifacético que contribuyó considerablemente a la cultura paceña.
Antonio Eguino (1938-). Hace unos meses volvimos a ver su película Chuquiago. Ese retrato socio-topográfico, ilustrado con bellas imágenes de esta ciudad, captadas por la mirada sensible de Antonio, siguen estética y socialmente vigentes. Podrán invertirse los personajes pero Chuquiago será siempre un retrato emotivo de lo que somos.
Wara (1970-). Hace 40 años asistí al Teatro Municipal para escuchar el estreno del disco Maya, y no dejó de sorprenderme el carácter vanguardista de su arte. Con la recuperación de la música ancestral (Aymara) y la recreación de los ritmos populares y urbanos (Collita), ellos se adelantaron a su tiempo. Wara cantaba en los 70 lo que vivimos ahora: nuevas emergencias sociales y políticas; es decir, compusieron esas declaraciones artísticas cuando los actuales mandatarios entraban en la pubertad.






