Mientras en San Pedro los reos (el 85%) se encontraban ocupados elaborando adornos y regalos para vender en Navidad, los reclusos de San Sebastián se organizaban para dar un escarmiento a cinco delegados, acusados de extorsionar a la población carcelaria con el cobro de los famosos “seguros de vida”. Ambos casos ponen en relieve los logros que se pueden alcanzar cuando las personas, incluso tras las rejas, deciden trabajar en armonía, en contraposición a lo que ocurre cuando un grupo decide explotar al resto.
Las imágenes de ambos eventos, que están circulando por diversos medios, no pueden ser más disímiles. A los primeros, en La Paz, se los ve compenetrados en sus labores, rodeados de materiales de colores e instrumentos, aprovechando incluso los techos para trabajar, felices, como confirmando aquella premisa hebrea que señala que no hay mayor felicidad para el hombre que alegrarse en su trabajo (Ec. 2:24). En cambio a los segundos, en Cochabamba, se los ve parapetados, heridos unos, llenos de ira los otros.
Sería bueno que las actividades y afanes que se desarrollan actualmente en la penitenciaría paceña, y que están dando vida a adornos en porcelana fría, catres de madera, autos de hojalata… tengan lugar no sólo unos pocos días, sino gran parte del año, y en todos los penales del país.






