De nueva cuenta un árbitro fue el protagonista de un partido en un torneo internacional de fútbol, y no precisamente por su buen desempeño. En concreto nos referimos al réferi brasileño Sandro Ricci, quien ayer en el cotejo entre Chile y Uruguay terminó expulsando al delantero charrúa Edinson Cavani, lo que a la postre contribuyó para el triunfo del equipo local. ¿Cuál fue el pecado de Cavani? Pues reaccionar ante una agresión del defensa chileno Gonzalo Jara que se le acercó por detrás y le metió un dedo en el trasero, para posteriormente protagonizar un drama digno de mejor causa luego de recibir el manotazo que había ido a buscar.
Este tipo de hechos induce a preguntarse por qué a diferencia de otras disciplinas, por ejemplo el tenis, aún no se utilizan imágenes en los partidos de fútbol que permitan un arbitraje más justo y objetivo, evitando así que muchos equipos salgan perjudicados por decisiones arbitrales erróneas. Pues, previsiblemente, porque los malos manejos de la FIFA no se limitan a los asuntos financieros, sino también trascienden a las canchas, a través de réferis que favorecen a una u otra escuadra dependiendo de los intereses económicos por detrás. Más difícil resulta comprender por qué los países se siguen prestando a este tipo de farsas.






