El reciente préstamo de 7.500 millones de dólares aprobado por el Gobierno chino en favor de Bolivia para la ejecución de megaproyectos en infraestructura caminera, ferroviaria, deportiva y aeroportuaria, marca un hito relevante en cuanto a la capacidad de endeudamiento que tiene la economía nacional, pero más destacable aún, la confianza que demuestra la segunda economía del planeta en nuestro país como socio comercial.
En tiempos en los que el ritmo de crecimiento global parece estancarse o inclusive retroceder, el acceder a fuentes de recursos que aseguren mayor inversión, a primeras luces permitirá en el corto y mediano plazo sostener el de-sempeño económico interno, sin embargo, debe primar la cautela y la priorización de financiamiento en proyectos que generen efectos multiplicadores en el largo plazo, porque si algo es cierto, este tipo de deudas se deben honrar.
Lo cierto también es que un mayor endeudamiento tiene como contingencia el comprometer recursos futuros en pago de intereses y capital, que si éstos no revierten la actual tendencia a la baja, se podría comprometer la estabilidad de las finanzas públicas y con esto el futuro de las siguientes generaciones de bolivianos que heredarían la deuda contraída.






