Muy a tono con los tiempos que corren desde que Donald Trump saltó a la arena política, la ministra de Seguridad de Argentina, Patricia Bullrich, afirmó el martes que el aumento del tráfico de drogas en su país está relacionado con los ciudadanos bolivianos, paraguayos y peruanos que viven en ese país. Agregó la temeraria ministra que un tercio de las cárceles argentinas está lleno de inmigrantes de esos tres países.
El primero en reaccionar a las desaprensivas declaraciones de la polémica autoridad argentina, quien parece disfrutar de los escándalos mediáticos producidos por sus declaraciones y amenazas, fue el Cónsul boliviano en Buenos Aires, quien manifestó su indignación “por semejante apreciación y por el hecho de que los mandatarios hablen subjetivamente de temas tan álgidos como el narcotráfico y los delitos federales”; agregó el diplomático que las estadísticas citadas por Bullrich “carecen de seriedad y enturbian a los países hermanos y naciones amigas”.
No es la primera vez que esto ocurre: durante su campaña electoral, el ahora Presidente argentino también culpó a los migrantes bolivianos y peruanos por la criminalidad en ese país. Hay, pues, un claro componente xenófobo, racista y discriminador asociado a los gobiernos que han comenzado a reemplazar a los “progresistas” de la última década.






