Mientras los familiares del sargento Juan Apaza —el policía héroe que frustró un robo la noche del 14 de enero— lo enterraban este miércoles en medio del dolor y el clamor de justicia, en Santa Cruz la Policía informaba que otro uniformado sería sometido a proceso pues proporcionaba su arma a un reo —del cual era escolta— para que éste cometiera delitos.
La pérdida de credibilidad en la entidad del orden y sus miembros, y la sensación de inseguridad que esto genera demanda de los altos jefes policiales y del Gobierno un cambio de timón que hace años implora la sociedad. Ejemplos de entrega, compromiso y servicio como el del sargento Apaza son escasos, pero eventualmente le devuelven a la población la confianza en una entidad muy venida a menos. Por muy duro que suene, circunstancias como ésta son las oportunas para mostrar el verdadero interés en recomponer la Policía, desde las bases, con la formación, y desde adentro, con procesos internos para eliminar el pus.
De igual manera es también la ocasión para invertir en mejorar la dotación a los uniformados, de modo que puedan desempeñar sus funciones en mejores condiciones de las actuales y así evitar que hechos como el del sargento Apaza se vuelvan a repetir.






