Zoiey Smale, una joven modelo de 28 años que en junio se coronó Miss Reino Unido y que se estaba preparando para participar en un certamen internacional de belleza que tendrá lugar en Ecuador, decidió renunciar al cetro luego de que los organizadores le pidieran que “adelgace lo máximo posible” para esta competición.
“No estoy gorda en absoluto, estoy en la media. ¿Cómo pueden pedirme que pierda todo el peso posible para la competición? Es horrible y me han hecho sentir basura durante mucho tiempo”, confesó la modelo británica al diario inglés Daily Mail el lunes, a tiempo de anunciar su decisión de renunciar. Además, aprovechó la ocasión para señalar que, a su parecer, la “delgadez” que promueve este tipo de certámenes “no es un buen modelo a seguir. Devolví mi título porque no voy a apoyar una competición que haga esto a la gente”, espetó.
Se trata sin duda de una decisión digna de resaltar, pues, por un lado, pone en evidencia los entretelones que padecen las modelos que participan en competiciones de este tipo. Y por otro, constituye una voz de rechazo con bastante autoridad ante los estereotipos estéticos que promueven los actuales certámenes de belleza, en los que prima una delgadez extrema que atenta contra la salud física y mental de las mujeres, especialmente de las niñas, adolescentes y jóvenes que tratan de encajar en aquel molde con dietas, ejercicios y/o costosas cirugías; amén de generar desánimo y falta de autoestima entre quienes no encajan con estos estereotipos sexistas.






