Ningún centro médico que se precie como tal puede alegar incapacidad para atender un alumbramiento. Se trata de un acto natural bastante extendido, cuyo tratamiento es aprendido por los futuros galenos durante los primeros años de Medicina. Y lo propio ocurre entre quienes aspiran a ser enfermeras(os). De allí que en un lugar donde se supone trabajan médicos y auxiliares ya titulados y con experiencia, el recibir un nuevo ser debiera ser un mero “trámite”, sobre todo si el parto carece de complicaciones.
A pesar de ello, aunque parezca mentira, una joven madre de 24 años dio a luz en una banca pública a pocos metros del centro de salud de Sarcobamba de la ciudad de Cochabamba, donde minutos antes le habían dicho que no tenían los medios necesarios para atenderla. Y mientras esperaba un taxi para trasladarse a otro hospital, su tercer hijo decidió que era hora de nacer.
A modo de descargo, el administrador de ese centro señaló que se había inaugurado pocas semanas atrás y que aún carecían de un ginecólogo y del equipo necesario para atender ciertas especialidades. Frente a esta explicación, cabe preguntarse por qué los impuestos de los contribuyentes están yendo a parar a un centro de salud inaugurado sin los medios necesarios para funcionar adecuadamente y que, para colmo de males, no puede atender alumbramientos; una especialidad que, como se mencionó anteriormente, cualquier galeno con experiencia debería poder resolver sin mayores complicaciones.






