Las autoridades policiales coinciden en que Bolivia se ha convertido en una suerte de centro de acopio y cristalización del clorhidrato de cocaína y de la pasta base que se producen en Perú. Y una vez en territorio nacional son purificados para luego ser enviados a las naciones vecinas, principalmente a Paraguay, Argentina y Brasil; y desde allí viajan rumbo a África hacia su destino final: Europa.
Por ejemplo, un informe de la FELCN alerta que la droga peruana llega al país por agua (a través del lago Titicaca), tierra (por 11 rutas fronterizas) y aire (gracias a los famosos narcovuelos). Siendo esta última vía la que más se ha incrementado desde 2007 (hasta cuatro vuelos por día en promedio), debido a las limitaciones para controlar el espacio aéreo que existe en ambos países.
Sin embargo, precisamente por esta razón, las fuerzas aéreas de Bolivia y de Perú se encuentran actualmente afinando detalles para comenzar a intervenir de manera conjunta las avionetas que viajan de un país a otro transportando droga. Para tal efecto, las autoridades peruanas han instalado un radar en la población fronteriza de Puerto Maldonado, junto a personal especializado y aviones de caza para las intervenciones aéreas.
Habida cuenta de que el narcotráfico no conoce fronteras y que dispone de grandes cantidades de recursos y tecnología de punta, el trabajo conjunto entre países como el que aquí se comenta constituye ciertamente un requisito insoslayable para contrarrestar el crecimiento de este ilícito negocio.






