Las palabras son de plata y el silencio es de oro, dice un refrán que probablemente se construyó durante la Edad Media, en pleno desarrollo de la Santa Inquisición y el poder omnímodo de la Iglesia Católica triunfante.
Este dominio edificó una sociedad autoritaria que imponía a los científicos la “verdad” de la Biblia contra las pruebas irrefutables de la ciencia. Así, Galileo Galilei tuvo que retractarse de su teoría sobre el movimiento del planeta; pero al abandonar el tribunal que lo perdonó de la hoguera musitó: “E pur si muove” (Y sin embargo, se mueve), y luego calló. Supuestamente por humildad y sumisión ante las autoridades religiosas, decidió guardar silencio y salvó la vida. Otros científicos, en cambio, terminaron en la hoguera. E incluso a los mismos religiosos como Giordano Bruno que planteaba otros sentidos a la interpretación del dogma cristiano les alcanzaba el derecho divino. De nada le valió su investidura de monje dominico, igual fue pasto de las llamas que no permitían el disenso.
Estar callado se situaba entre dos polos: el miedo y la resistencia clandestina. Esto lo sabemos los pueblos de Aby Ayala que soportamos sucesivas dictaduras militares cuya forma de mantener el poder era a través de la intimidación y el ajusticiamiento, espacio donde el acto soberano de opinar era peligroso; o durante los gobiernos de la oligarquía boliviana que siempre consideraban a las masas analfabetas ignorantes y sin ningún valor.
En el contexto actual, el nivel de educación de los sectores más vulnerables ha cambiado; y la necesidad de expresarse, de comunicarse, de informarse y participar en la vida de la sociedad ha incubado la necesidad del goce de la libertad de expresión. Los que no pueden hablar se rebelan; las asimetrías en la sociedad se rechazan. Bajo una u otra forma se exige la democracia, y por ende, el empleo irrestricto de la palabra. Así, el uso adecuado del lenguaje en los actos de negociación diplomática son de alto riesgo. Éstos pueden generar desconfianza, amenaza, hostilidad, entre otras formas de interpretación de las palabras y su contexto.
Nunca en la historia diplomática entre Bolivia y Chile la delegación vecina había perdido la elegancia y la mesura para postergar indefinidamente el conflicto centenario del acceso soberano al Pacífico. Durante más de un siglo demostraron una sobresaliente capacidad para engatusar con el lenguaje y las palabras a las variadas administraciones del Estado boliviano, y se sentían seguros y confiados de que otra vez se repetiría la fórmula. Su delegación retrocedió al medioevo, y en vez de usar las palabras brillantes como plata, la ensuciaron con adjetivos crudos; en vez de estar callados en situaciones sin respuestas certeras, se exaltaron y titubearon a la hora de expresarse, signo inequívoco de una derrota.
Es difícil confiar en un canciller, exescritor de novelas policiacas, comunista arrepentido y sionista que repite las fórmulas de 1948 por las que Israel, luego de aliarse primero con la ex Unión Soviética y luego con Estados Unidos, despojó de sus tierras al pueblo palestino. Esta conducta, al decir de muchos estudiosos de la geopolítica, se asemeja al comportamiento de la oligarquía chilena, que pagó su deuda histórica con su aliado en la Guerra del Pacífico (el Imperio británico) durante la guerra de las Malvinas con la Argentina. Este grupo social mantiene el poder tanto con la derecha como la izquierda, son las mismas familias que se apoderaron de los territorios mapuches y bolivianos y cuidan sus intereses sofocando a las mayorías. Hábilmente giran a la izquierda, y cuando se sienten agobiados por las presiones sociales, generan las condiciones para el retorno de la derecha. Las mismas estrategias eran usadas por este grupo en Bolivia, con el propósito de cuidar sus nexos económicos con las oligarquías chilenas, y esa era la razón para no exigir con mayor rigor que se resuelva este conflicto.
El 28 de marzo culminó el encuentro Poetas del Sur en La Paz, con la participación de poetas chilenos, mexicanos, colombianos, peruanos, bolivianos y dejaron un manifiesto: La Carta de Chukiyawu Marka, desde la cual expresan su solidaridad con Bolivia en su demanda. Usaron las palabras como oro para unir y tender puentes de solidaridad entre nuestros pueblos.
Es artista y antropólogo.






