Días atrás, la Policía desbarató una banda conformada por al menos cinco súbditos colombianos dedicados a prestar pequeñas sumas de dinero sin mayores requisitos, pero con elevados intereses, de entre el 10% y el 40% al mes. Para asegurarse del pago tanto de los intereses como del capital, los extranjeros apelaban a la intimidación primero psicológica y luego física de sus clientes, como suele ser corriente en este tipo de usura, generalmente ligada al narcotráfico u otros negocios ilícitos.
La presencia de este tipo de bandas criminales en el país pone en evidencia la necesidad de reforzar la cultura financiera entre la población, informándoles por ejemplo que en el sistema financiero nacional existen instituciones legalmente establecidas que se especializan en proporcionar microcréditos a personas que no califican según los criterios de la banca tradicional, siempre y cuando utilicen el dinero prestado para ampliar, diversificar o incrementar la productividad de sus negocios.
Y es que como bien se sabe, todo crédito conlleva una obligación que debe ser atendida, y la ausencia de actividades que generen capacidad de pago obliga a los deudores a vender algún activo, empobreciéndolo aún más. De allí que las instituciones que se dedican a las microfinanzas suelen combinar la entrega de servicios financieros (crédito y ahorro) con educación en diferentes áreas socioeconómicas y empresariales, junto con el apoyo de agentes de crédito que se aseguran que el dinero de estos préstamos no sea utilizado en gastos de consumo.






