El Gobierno Municipal de El Alto estima que en aquella urbe funcionan al menos 500 cantinas, de las cuales únicamente el 43% (215) son legales. La mayoría se concentra en la Ceja (un 40% del total) y en la zona 16 de Julio (30%), y el restante 30% se distribuye en el resto de las zonas. Como es de suponer, esta proliferación incontrolada de cantinas no solo promueve el consumo excesivo de alcohol y el tráfico de drogas, sino también la prostitución, labor que puede esconder casos de trata de personas; amén de la inseguridad que siempre viene acompañada en este tipo de bares.
Por ejemplo, es de conocimiento público que en la Ceja, a partir de las 11 de la noche, muchos delincuentes aprovechan este paso obligado entre las ciudades de El Alto y La Paz para atracar a los ciudadanos, y en especial a los sectores más vulnerables (mujeres, personas en estado de ebriedad y quienes transitan sin compañía). Para tal efecto, organizados en grupos de entre cinco y 10 individuos, los criminales emplean diferentes técnicas para delinquir. Algunos gustan de colocar sogas en el cuello de sus víctimas. Otros, se hacen pasar por borrachos para distraer a los transeúntes. También están quienes prefieren obrar de manera individual aprovechando la poca luz de lugar.
Por todo ello, urgen medidas que enfrenten la inseguridad de manera integral en El Alto y en el resto de las ciudades, procurando atacar los diferentes factores que hacen posible este fenómeno, como los bares y cantinas, que proveen víctimas a granel y atraen a los delincuentes.






