El 26 de abril se celebra el Día Internacional de la Propiedad Intelectual, y este año estaba dedicado al tema “Artífices del cambio: las mujeres en la innovación y la creatividad”. Es una buena oportunidad para hablar acerca del talento, el ingenio, la curiosidad y el valor de las mujeres que crean e innovan, y sobre todo reconocerlo haciendo una diferencia con previas realidades en las que lo común no era reconocer a las mujeres y sus creaciones, sino incluso explotarlas. Acerca de este tema tuve la oportunidad de hacer una presentación en la Cámara de Mujeres Empresarias.
Resulta que existen empresas basadas en muy buenas ideas de varias mujeres y que la preocupación de proteger sus derechos de autoras es alta. En el Servicio Nacional de Propiedad Intelectual (Senapi) pueden registrar sus logos, marcas, libros, obras e incluso software, pero no pueden registrar sus ideas. Es que las ideas no le pertenecen a una sola persona o entidad, sino que se crean a partir de ideas previas. En ese sentido, son productos colectivos, sociales, en el sentido en que le pertenecen a la sociedad y no solo a una persona. Esto no es una característica exclusiva de la legislación boliviana, sino algo común en las legislaciones acerca de propiedad intelectual en el mundo.
Además, una vez registrada la obra, nombre, software, etc., resulta oneroso en tiempo, recursos humanos y financieros hacer respetar los derechos de propiedad. No sostengo que, por tanto, no haya que hacer los registros en el Senapi; por el contrario, lo mejor es hacerlos para tener un respaldo legal. Pero tal vez a la vez se debería confiar en mecanismos de cultura libre que proponen otros modelos de negocios acerca de los derechos de propiedad intelectual.
La cultura libre propone siempre reconocer los derechos morales de propiedad intelectual. Es decir, la autoría acerca de las obras, pero luego abrirlas y no lucrar vendiendo esos productos, sino promover que se consuman de manera gratuita y masiva, ya que una vez que la sociedad los conoce, está dispuesta a pagar por otros servicios para acceder o disfrutarla, podemos hablar de un modelo basado en el prestigio.
Este modelo funciona perfectamente en la música. La mayor cantidad de ingresos de un artista no viene por vender sus canciones en CD o por internet, sino por los conciertos que da. De esta manera, mientras más gente conozca la música de un artista, más podrá asistir a sus conciertos. En este modelo, si pagar por conocer la música es una barrera, es aconsejable eliminar el pago. Además, se da libre acceso a las canciones que permiten inspirar a otros artistas a producir nuevas obras. Un modelo alternativo que puede ser más efectivo.






