Un reportaje publicado el domingo da cuenta de un factor a menudo no considerado a la hora de tratar de entender las causas del problemático tráfico vehicular en la ciudad de La Paz: los semáforos. En efecto, la mala sincronización de los semáforos, especialmente en intersecciones conflictivas y en las calles aledañas, redunda en una menor velocidad de circulación.
Coinciden en esta apreciación el Comandante Departamental de Tránsito, conductores de vehículos de transporte de pasajeros y dirigentes de los gremios de transportistas. Es que allí donde la luz verde dura menos de 30 segundos, especialmente en horas pico, se convierte en un reto a la paciencia de cualquier conductor.
Los policías de Tránsito hacen evidentes esfuerzos para descongestionar la circulación, sin embargo, son fácilmente rebasados por conductores imprudentes e impacientes que, como tantas veces se ha lamentado en este y en otros espacios del periódico, olvidan no solo las más elementales reglas de convivencia en el espacio público, sino también el respeto a las demás personas, comenzando por los agentes que portan el uniforme de la institución del orden.
Una propuesta para contribuir a solucionar este lamentable estado de cosas ha surgido de los gremios de transportistas: poner a la guardia sindical a controlar a sus propios afiliados. Bien mirada, la idea puede parecer interesante, pues allí donde no existe respeto por la autoridad constitucional, la presión gremial y sobre todo las sanciones pueden lograr un cambio de actitud.
Sin embargo, hay algunos problemas: el primero de ellos es que según el texto constitucional, ninguna persona u organización puede tomar como propias las tareas encomendadas a la Policía. El segundo es que esta guardia sindical solo tendría comando sobre los choferes afiliados al sindicato, lo que implica que el resto de los conductores seguirá haciendo lo que quiere o lo que puede. Finalmente, constituiría un peligro para el orden social dejar que una organización de estas características asuma labores policiales.
Finalmente, un aspecto que debe ser subrayado en la búsqueda de entendimiento de la problemática es el hecho, reconocido por ambas instituciones, de que el Gobierno Municipal y el Organismo Operativo de Tránsito no coordinan tareas. Y el origen de esta penosa situación que afecta de manera directa la vida en la ciudad es de naturaleza política, lo cual no debiera ser aceptable para la población, que sufre por este tipo de mezquindades.
Urge, pues, una acción conjunta y coordinada entre la municipalidad y la Policía para encontrar soluciones viables a un problema que no hace sino agravarse día tras día. No bastará con coordinar de manera regular los semáforos de la ciudad si en el fondo no se “reprograma” la actitud de todos los servidores públicos dedicados a esta temática, como paso previo para intervenir en la cultura vial de las y los paceños.






