Los desacuerdos entre los gremios empresariales y el Gobierno se han profundizado. Convendría que ambos sectores trabajen para reactivar el diálogo, sobre todo el Ejecutivo. Para ello urge evitar la “tentación” de encerrarse en una discusión ideológica, la cual solo los distraería de los problemas que hoy enfrentan los productores privados.
La política salarial del Gobierno y la promulgación de la Ley de Empresas Sociales han producido mucho malestar en los gremios empresariales privados. Ronda un sentimiento de frustración en el sector, que se ha intensificado por los resultados limitados de las conversaciones llevadas a cabo con las autoridades económicas desde el año pasado.
Este impasse ha desencadenado una serie de declaraciones por parte de los empresarios en las que se cuestiona la orientación del modelo económico del país, se anuncia reclamos en organismos internacionales, se exige un diálogo con resultados, y se solicita la abrogación la Ley de Empresas Sociales. A su vez el Gobierno ha insistido en que sus políticas económicas están beneficiando al sector privado, a tiempo de ratificar su orientación redistributiva y anunciar que está abierto a seguir conversando en el marco del actual modelo.
La persistencia de una mala relación entre ambos sectores no es una buena noticia. Mantener una relación constructiva con la inversión privada ha sido uno de los grandes aciertos del Ejecutivo, la modernización económica precisa de los recursos e innovaciones de los emprendedores, no es el momento de renunciar a ese enfoque. Hay que buscar la manera de recomponer la relación en el corto plazo.
Existen evidentemente desacuerdos complejos, por ejemplo en la política salarial, debido a discrepancias sobre el sentido de la regulación estatal. Se precisan soluciones imaginativas que consideren la heterogeneidad de situaciones que existen en la economía, asumiendo que no todos los privados ganan o pierden de igual manera. Tampoco resulta realista pensar que el Gobierno va a renunciar a sus objetivos de redistribución, propios de una fuerza de izquierda.
Hay varios ámbitos en los que se perciben inflexibilidades y falta de empatía de los funcionarios con las barreras microeconómicas que los empresarios deben enfrentar y que les generan costos elevados. Es el caso de muchas normativas tributarias poco prácticas o de regulaciones laborales desequilibradas. Existe mucho por trabajar en esas áreas desde una óptica pragmática.
Por otra parte, los gremios deberían evitar quedar entrampados en discusiones abstractas o ideologizadas sobre la “orientación del modelo” que podrían conducirlos a callejones sin salida. Hay que insistir en cuestiones concretas con opciones viables para ambos actores. Es pues necesario cuidar el tono y el método del debate. Solo con apertura y pragmatismo, en ambos lados, se podrá avanzar.






