El sábado anterior, una tubería de la Av. Zavaleta sufrió una rotura de consideración mientras operarios de la municipalidad realizaban remodelaciones en esa vía del centro paceño. Según los vecinos, la cañería expulsó una gran cantidad de agua al menos durante tres horas, hasta que finalmente fue reparada. A raíz de este hecho, además del sustancial desperdicio de agua potable, la rotura generó un chorro de agua que se elevó varios metros, anegando las instalaciones y algunos equipos electrónicos de un inmueble aledaño en el que funciona una panadería.
Las autoridades municipales responsabilizaron de este hecho a la Empresa Pública Social de Agua y Saneamiento (EPSAS); ya que, según ellos, la firma estatal habría instalado en aquel lugar una pieza defectuosa que terminó colapsando. Versión que sin embargo fue desmentida por el interventor de la firma estatal, quien apuntó a un manejo defectuoso de la maquinaria pesada utilizada por los operarios municipales, y agregó que es la tercera vez que se registran roturas de este tipo durante las reparaciones de la Av. Zavaleta; extremo que fue confirmado por una vecina.
Tomando en cuenta la importancia creciente del líquido elemento, resulta evidente que hace falta no solo reemplazar la red de agua potable y alcantarillado de la ciudad de La Paz (esto porque, con más de 40 años de existencia, gran parte de las tuberías ya culminaron su vida útil), sino también capacitar a los trabajadores que operan maquinaria pesada, a fin de evitar roturas y filtraciones que se traducen en importantes pérdidas de un elemento vital cada vez más escaso.






