Hay sentimientos que nos hacen mucho daño y nos hacen muy infelices. Uno de estos sentimientos, por demás corrosivo, es la envidia. Corroe todo, corroe a quien lo siente, corroe a la persona de quien se tiene envidia, y corroe las relaciones que se construyeron a su alrededor. Alguien me dijo una vez que la envidia es admiración con odio; o sea, que se admira a la persona de quien se siente envidia, pero al mismo tiempo se la odia.
La verdad, no sé si esto es cierto, pero cuando veo las reacciones de políticos, hombres y mujeres, que gobernaron Bolivia junto al neoliberalismo, cuando veo y escucho sus discursos y los discursos de gente que estuvo apoyando al MAS y a Evo y se fue a la oposición, no tengo otra palabra para calificarlos que la de “envidiosos”. Envidiosos por los logros que pudiendo haber logrado ellos, los neoliberales, no lo hicieron, pues nunca creyeron en Bolivia; por ejemplo, la nacionalización de los hidrocarburos. ¿Qué no es una nacionalización de verdad? Puede ser, pero aunque haya sido a medias, se recuperó dinero para Bolivia, y los neoliberales no hicieron ni siquiera eso. ¡Qué falta mucho! ¡Claro que sí!
Esto me resulta muy claro cuando analizo los comportamientos de la oposición mediocre y acomplejada en Bolivia. Sin embargo, este fenómeno me resulta más difícil de analizar en el ámbito de las mujeres, que supuestamente luchamos por los derechos de las mujeres. Están las oenegeras, y puedo entender su envidia al momento de competir con mujeres que hacen propuestas al margen de las ONG; pues ellas lo que disputan fundamentalmente es dinero, sus jugosos sueldos, y disputan el manejo de dinero para controlar las organizaciones de mujeres, que por comida, hotel o pasajes van a rogarles su apoyo.
¿Pero cómo se entiende la envidia y la competencia entre nosotras? Tenemos que trabajar estos sentimientos que se producen en este camino de construcción de las organizaciones que buscan aportar en el proceso de cambio. Resulta imprescindible entender por qué el patriarcado, que es el sistema de hegemonía y dominación, y por qué el machismo, que es un comportamiento y una forma de pensar, nos ponen a competir entre nosotras, en vez de apoyarnos unas a otras.
Si las mujeres somos discriminadas por ser mujeres, lo que se espera es que nos solidaricemos entre nosotras, al sentir esta injusta relación sobre nuestros cuerpos, y no que sintamos envidia y compitamos entre nosotras por ser reconocidas, pisando a la compañera de a lado, que está igual o peor jodida que nosotras.
Es necesario entender los mecanismos de manipulación del sistema que nos manda mensajes permanentemente. ¿Quién es la más bonita? ¿Quién es la más buenita? ¿Quién es la mejor? Nos pone a competir entre hermanas por los reconocimientos, la fama, el dinero, la amistad, las invitaciones, el amor. Camino a nuestros encuentros revolucionemos nuestras relaciones entre mujeres ¡Fuera la envidia y la competición entre mujeres! ¡Viva el proceso de cambio en las relaciones entre mujeres! ¡Viva el apoyo y la solidaridad entre hermanas y compañeras!
* es feminista comunitaria.






